viernes, 2 de mayo de 2008

Amar lo imposible

(...)
Y otra vez la adrenalina.
Qué torturantemente bien se siente.
Saber que nunca pero nunca será. Que no tiene pies ni cabeza.
Que es imposible.
Cómo amamos lo imposible.
Nos hace sentir desdichados, condenados, infelices.
Sin embargo adoramos esa idea.
Nos desafiamos con cosas que nunca van a ser más reales de lo que lo son en nuestras mentes.
Ni siquiera nos animamos a admitirlo, como si decirlo zanjara la cuestión de su existencia.
Morirse de ganas. Contenerse. Jugar al gato y al ratón. Manejar las indirectas como títeres. Negar todo. Estar a punto de hacer una locura. Entrar en razón. Reírse. Avergonzarse.
Lucha interna entre lo que debemos sentir y lo que quiere ser sentido y grita por ser escuchado.
¿Y a dónde nos lleva? A ningún lado, o al fin.
Quién sabe.

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