sábado, 21 de junio de 2008

La escalera - Parte II

Ese puto piano otra vez.
Corro descalza hasta la puerta y con una mano en el picaporte, me quedo expectante.
Vuelvo al sillón.
Acaricio a mi gato, que se hace el dormido.
No puedo contener el impulso de correr al umbral de nuevo.
Como quien no quiere la cosa, abro la puerta y salgo.
La caminata hasta el C se hace eterna.
Y cuando llego, deja de escucharse.
Siempre me hace lo mismo.
Creo que me intuye.
Sabe que estoy ahí.
Tiemblo de ira.
Odio al que toca el piano, y me odio a mí por ser tan curiosa.
Entro al departamento y me esfuerzo por olvidar todo.
Al fin y al cabo, sólo es un piano y algún bicho raro que toca bien, no como yo que sólo sé el Feliz cumpleaños y las primeras notas de Para Elisa.
Prendo la tele, y me hundo en las noticias del día, apartando al piano y de hecho, todo pensamiento de mi mente.
Cae la noche. Ceno temprano. Sola, como siempre. Me voy a acostar, leo un capítulo más del último libro que me compré y lo dejo en la mesa de luz. Me tapo bien y me quedo mirando el techo.
A veces me gusta imaginar quién será el dueño del piano. Un niño prodigio, una anciana solitaria, un psicópata-maniático-asesino, una muchacha a lo Jessica Alba en The Eye, un fantasma, un director de orquesta, un músico frustrado, una nena de su casa a la que la obligan a aprender el viejo arte de la música...
Creo que el hecho de vivir sola hace que me preocupe de estas cosas. Quizá los vecinos ni lo hayan notado.
Me doy vuelta y de espaldas a la ventana, me decido a dormir.

2 comentarios:

Alatriste dijo...

Estoy visitando a seguidores de Ismael Serrano, porque le hice un homenaje en mi blog. Así que si quieres participar, será un honor invitarte.
Un abrazo y enhorabuena por el blog, compañera, es una pasada.
Hasta pronto.

Ericarol dijo...

Justo ayer se mudaron mis vecinos del primer piso. El padre es italiano, la señora dominicana. Dos niños muy precoces y comunicativos. Creo que me alegré un poco, porque así puedo poner la música muy, muy alta. Anoche oí ruidos en el patio. Ya me volvieron a hacer falta. Y ahora quien me va a espantar a los merodeadores? Abrazos cruje huesos para ti.