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sábado, 25 de septiembre de 2010

La redecouverte

Yo ya no sé si me hacés acordar a la música de la peli Amélie, o la música de la peli Amélie me hace acordar a vos.

miércoles, 30 de junio de 2010

Las cosas que me gustan

Me gusta cuando te reís y cuando pasan 27 bodas en la tele y cuando hay flan de postre y cuando casi se me pasa el cole pero no, y llego justo a la esquina y lo tomo y ya no llego tan tarde.
Me gusta cuando el mp3 todavía tiene pilas y cuando el celular nos deja hablar un minuto más mientras adentro la batería está a punto de estirar la pata.
Me gusta ver la cara de las personas justo antes de decirme una buena noticia y festejar y comer papas noissette y tomar jugo de pera y decir "¡qué bueno che!".
Me gusta cuando en Cold Case la víctima no estaba muerta sino escondida y cuando el malo era el que menos esperaba y cuando me sé la letra de la canción que pasan al final.


Me gusta cuando te reís y también casi todo lo demás.

martes, 30 de marzo de 2010

Camino

Banda sonora oficial de esta entrada (Abrir en pestaña aparte)

Las dos cuadras que hay entre la parada del colectivo y mi casa, cuando vuelvo de algún lado, son una gran parte de mi día. En especial a la tardecita, cuando salen las primeras estrellas y las luces de la calle se encienden tímidamente como si pidieran permiso.
El verano es más verano caminando cerca del cordón derecho, arrastrando un poco los pies. Si me taparan los ojos me guiaría por los olores.
Llegando a la primera esquina, se sienten jazmines y otra planta muy dulce cuyo nombre nunca supe. Huele a asfalto caliente, a pasto cortado hace poco.
Los grillos y los sapos sobresalen y parece que cantan al ritmo de mis pies.
Me dan ganas de saltar y dar vueltas y colgarme de un farol como en La vita è bella, pero no hay ninguno.
¿Y cuando llueve? Todo toma ese aroma embriagador y el cielo se pone bien gris. Mi cielo favorito.
El invierno es crudo y mientras avanzo irrumpiendo en el silencio, escucho solamente mis pasos perezosos. Me gusta respirar y hacer nubes de vapor con la boca.
De alguna manera, sentir el frío en ese trayecto me hace sentir viva.
El otoño y la primavera reflejan las transiciones evidentes por las que pasa nuestro hemisferio y en mi barrio se sienten más, puedo asegurarlo.
En abril las veredas se visten de ocre y rojizo, y yo pisoteo hojas sólo para oír el crac-crac-crac.
En primavera suceden milagros. Hay mariposas. Es el único lugar donde las veo, y no me explico por qué. Como si se escondieran del mundo y salieran a jugar en ese tramo olvidado de ciudad por el que casi no pasan autos y el viento dobla y dan ganas de ser liviano para que te lleve con él.
Si me mudara, lo que más extrañaría sería ese momento en que el colectivo frena, me bajo y empiezo a andar.
La gomería, la frutería, la casa grande con los jazmines y la planta dulce cuyo nombre nunca supe, nenes correteando y andando en bicicleta.
Mis perros divisándome desde lejos, con expresión de sospecha, y corriendo con la lengua afuera ni bien se dan cuenta de que soy yo.
Los arbolitos todos iguales y amarillos que hay pasando mi portón.
Esas calles guardan todos mis años, y las miles de veces que pasé por ahí, a veces triste, a veces contenta, pero siempre con la tranquilidad de saber que las conozco y me conocen, que son mías, y que me llevan a casa.

jueves, 20 de agosto de 2009

Firmamento y quietud

Miro para adelante. Siempre para adelante y con los ojos clavados en el horizonte. Se humedecen. Es el viento.
Las siluetas de los barcos, pequeñísimas y borrosas, se recortan contra el atardecer naranja.
El aire huele a sal.
Hace un poco de frío, pero no me importa.
Sentada en el muelle, me dedico a contemplar el momento en que el mar se come al sol.
Es la única ocasión en la que estoy verdaderamente sola, porque de hecho no estoy ni conmigo misma.
Sólo está esa línea inexistente, a lo lejos, que divide el cielo de la tierra. Lo que está aquí, de lo que está allá, los comienzos de los finales.
Y pienso y repienso que todo debería ser tan claro e imperturbable como esta escena.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Un loco más

Tomó aliento y se dio cuenta de que en verdad, nunca había respirado.
El aire entraba y le inflaba el pecho y no podía contener la risa, las ganas de gritar, de empezar a correr y saltar y decir "buen día señora", "buen día señor", "¿lo ayudo con eso?".
Si eso era vivir, entonces jamás había estado vivo.
Sí. Eso era vivir.
Todo olía a sueños desatados, a tiempo bloqueado sin previo aviso, a almendra y a durazno.
Hasta las hojas de los árboles, que ese otoño caían particularmente lentas, le parecían hermosas y sabias. Se desplazaban con tanta naturalidad que lo hacían emocionar.
Se sentía parte de algo. Algo grande.
La gente en la calle no comprendía. La gente nunca comprende.
Lo miraban y decían "éste es un loco".
Pero no le importaba. Estaba viendo el mundo por primera vez, ésa era razón más que suficiente para sentirse feliz, lleno de energía, imparable.
Y es que
tal vez, así se sentía ser libre.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

martes, 16 de diciembre de 2008

Glup glup

En esta solemne ceremonia, dejamos atrás el viejo blog de Mai para dar paso a un nuevo blog, donde estos amigos no estarán más en el tope sino que se irán hundiendo de a poco.
Sigan llamándolos como quieran (Leo al más grandote le puso Roberto).


Aprovecho para decir que estoy en fase de restauración del blog. Hay cosas que se perdieron y son irrecuperables, como el compendio de divagues.
La sección "hoy me siento...", no me preocupa haberla perdido, porque podríamos decir que empiezo una nueva etapa, con sentimientos nuevos y... ¿A quién engaño? Por Dios...
Agradezco a Hipo, Dani y Leo, mis tres lectores habituales, por la paciencia y la confianza :P Son pocos pero importantes para mí ^^

martes, 7 de octubre de 2008

Te encontré

Me di cuenta finalmente de que eras para mí, el día en que cumplimos un mes.
Al terminar de completarse el envío de la tarjeta que te hice, te pusiste a preguntarme si el corazón era un tube o si lo hice a mano, y si las letras de las frases eran una fuente de Windows.

Como eso acaba de pasar, debo en realidad decir: "me di cuenta finalmente de que sos para mí, el día de hoy".


Te encontré.

Y por tu culpa es que necesito con urgencia que se invente un nuevo verbo, más grande que el verbo amar.

sábado, 16 de agosto de 2008

Eso

- ¿Qué nos está pasando? - Soltó ella finalmente, sin poder contenerse.
Siempre era así. Se mordía la lengua y terminaba largando esas frases (sí, esos comentarios "bomba" que te mueven el piso) en los momentos más inoportunos.
La vencían las ganas de hacer esa pregunta y de repente se encontró esperando la respuesta. Muerta de miedo. Hecha un manojo de nervios.
Se miraron en silencio una vez más. Se observaron. Se interrogaron con los ojos. Se dijeron todo sin hablar.
Esa mirada sólo quería decir una cosa.
Significaba eso.
- ¿Qué nos está pasando? - Repitió ella en un tono casi inaudible. Quería y no quería saber. Era ya una pregunta retórica, pero él decidió pisar la trampa...

miércoles, 16 de abril de 2008

Reciclando

Sinceramente no recuerdo si esto lo posteé alguna vez, pero ahí va (algunos ya lo leyeron en la It's Pop de Popomundo pero retocado para que pareciera parte del roleo)... No me acuerdo cómo surgió esto, creo que lo escribí en el topic Desvaríos del foro de ese juego y me gustó mucho (lo cual es raro porque generalmente odio lo que escribo). Si bien ya me cansó bastante porque lo edité mucho para que me lo publicaran en la revista (éste que les dejo aquí es el original), no podía dejar de postearlo. Bueno los dejo leyendo mientras me voy a llevar a mi gatito a su camita porque está llorando acá al lado ^^


Te conocí sin saberlo, te encontré sin buscarte. Esa noche.
Caminaba apurada por una calle desierta. Sólo se oían los sapos y mis pasos. Era tarde, había tormenta, y vos seguías parado ahí, dejando que el agua se escurriera entre tu pelo, tu campera azul y tus jeans oscuros.
Tenías la mirada perdida. Parecía que no querías darle batalla a las gotas. Estabas rendido. Te miré extrañada y creí verte llorar. Y eran tus lágrimas las que de repente empaparon mi alma.
Caminé decidida hacia vos, mis zapatillas salpicaban el agua de los charcos. Te cubrí con mi paraguas. Levantaste la cabeza, y ahí fue...
Me miraste. Me miraste y fue tarde para cualquier tipo de arrepentimiento. Y clavé mis ojos en vos. Y cientos de burbujas nos rodearon y sentí que ya no tenía que buscar más.
Sin previo aviso me sacaste el paraguas y lo tiraste al suelo. Y no me importó la lluvia, ni que se me arruinara el peinado, ni el frío que sentía, ni el viento helado que nos golpeaba con sus invisibles e infinitos brazos.
Porque no sólo estábamos los dos, ahora éramos dos. O éramos uno. O ya no sé muy bien pero no me importó. Estábamos ahí, habíamos coincidido en esa esquina oscura, tranquila y muerta. Los faroles de la calle apenas iluminaban la escena. Pero se dio el milagro de encontrarnos, a esa hora, en el minuto exacto, en esa esquina gris, como si los dioses se hubieran puesto de acuerdo.
Y no necesitaba saber tu nombre, me alcanzó con conocer tus ojos tristes, desilusionados, esos ojos sin tiempo. ¿Quién te había herido así?, dejándote bajo la lluvia, vagando por el mundo sin nada por lo que luchar. Desconocía lo que hacías antes de encontrarte, cuando estabas perdido, cuando no sabías quién eras.
Pero no me interesaba, pues sólo deseaba curarte, cuidarte, estar con vos. Y el peso del tiempo ya no reinó sobre mí cuando nos quedamos como dos perros mojados, como tontos, como nenes, mirándonos sin decir nada.
Y sonreiste, y creí que me derretía. Sonreiste y volvieron las burbujas y fue como si pinceles con vida propia desparramaran sus mejores colores a a nuestro alrededor.
Fuegos artificiales explotaban en mi pecho, ruiseñores jugaban cerca de mi pelo, y te devolví la sonrisa.
Y nos quedamos en esa esquina, sin hablar. Pero sabía que te morías por conocer mi voz.
- ¿Dónde te escondiste todos estos años? - Te pregunté.
- En ningún lado. Comencé a existir cuando me miraste.